Minimalismo XLIV

A ver, usted era… espere que
mire… ah, un dictador centroafricano. Estupendo, éste es su lugar.
Pase, que dentro le asignarán un tormento eterno. ¡Siguiente!
Bueno,
bueno, bueno… tenemos a… un violador de agapornis. ¡Puaj! Estaba
usted enfermo. Ande, ha venido al sitio correcto, entre y ya le
asignarán su habitación. ¡Siguiente!
Veamos… según la lista usted
era… ¡oh, joder! Es usted monstruoso incluso para mí. Fiera, campeón,
bala perdida, si se porta bien quizás ascienda a ser uno de mis
ayudantes. Fue usted pura maldad en vida, ¡qué crack! Bueno, vaya a la
siguiente habitación para la tortura de bienvenida, artista. Ahora
bien, recuerde: como yo lo vea tocar una de sus vuvuzelas, se la carga.

Pasaba tanto tiempo (una vida cada
vez) tumbado en su sofá que cuando decidió levantarse un buen día, no
pudo. Se esforzó y se esforzó intentando incorporarse, pero su espalda
y el sofá se habían fusionado. Él y aquel tresillo eran uno. Pero no se
dio por vencido, se armó de valor y dio tal empujón que se consiguió
poner vertical. Lo malo es que se trajo el sofá consigo y el sofá se
trajo consigo la casa. La casa estaba unida firmemente con la ciudad y
la ciudad giraba solidaria con el mundo. En un momento, todo giró 90º
en sentido dextrógiro.
Así fue que se derramaron muchos vasos, se
cerraron y abrieron muchas puertas, los coches que estaban cuesta
arriba, ahora iban cuesta abajo, las paredes fueron techo y suelo, los
mares empezaron a vaciarse, las montañas se extrañaban de tal postura
insólita, el Sol giró un poco para poder seguir viendo a la Tierra
desde la misma perspectiva (porque el Sol era otro tal que se pasaba la
eternidad sentado en el mismo sitio).
Todo fue una gran confusión,
porque los países del suroeste pasaron a ser una gran potencia, los del
oeste temblaron de frío y de orden, los del norte no entendían tal
desbarajuste no programado y los del este… bueno, los del este se
empobrecieron un poquito y montaron un par de dictaduras.
"¡Que no
cunda el pánico!", exclamó asustado el hombre del sofá (que bien
parecía una tortuga con el mueble pegado a la espalda), "si es lo que
el mundo necesita, me vuelvo a tumbar". Y allí tumbado, indolente,
parecía como si no hubiera hecho nunca nada en su vida.


El maldito secuestrador tenía en vilo
muchas almas. Se contaban ya varias horas desde que se hizo con el
control del edificio. Tenía atada de pies y manos a mi mujer, nadie se
atrevía a hacer nada y yo no tenía ni idea de qué debía hacer. Me
paralizaba su simple presencia. Eran las 4:20 y allí estaba yo,
congelado por su intensa mirada. ¿Qué podía hacer? Nada, obedecer sus órdenes y esperar a que todo pasara lo más rápido posible.
Maldito
secuestrador. Sus ojos me enfocaban impasibles. De nada serviría negociar
con él, había una inconsciente determinación en su cara que dejaba
claro que jamás cedería un milímetro en sus exigencias. De hecho,
aunque aún no sabía hablar, su mirada decía claramente "Como me sueltes
en la cuna, despierto a todo el barrio
, capicci?"

P.D: Esta entrega me mola.

Bmoos

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~ por aiminajaiueitujel en 22 junio, 2010.

4 comentarios to “Minimalismo XLIV”

  1. ¡Qué tontaco eres!A ti lo de la vuvuzela te ha molao, que lo sé. De hecho los penitentes de la procesión irán con su vuvuzela.

  2. Vuvuzelas convenientemente taponadas con silicona, sí. O, bueno, sin taponar, pero todos los penitentes estarán debidamente advertidos bajo pena de muerte al que se le ocurra acercarse el cacharro ese a la boca :P .

  3. Espectacular esta entrega, tío!! XD

  4. jajajaja venga por favor pero q brutisimo eress xD

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