TAB con azúcar

Se ha quedado otro muerto
sin salir,
sonríe a las cristalinas paredes
que lo muestran,
golpe de cuarzo,
el lomo gris
de una gris serpiente
raspa lo que resta
de ganas de placer
y la vida se revoca
por unanimidad.

Se libera un grito
verde y filoso
de los brazos
que fijan todo
a todo lo ordenado,
implosión de luz,
cada metro
tira de cada metro
en una orgía de inercia
y la vida se desboca
por una nimiedad.

Si caemos es porque nos tiran
y porque está decidido
que todo dependa del azar,
todo explota y queda
como factor estable
de una cadena efímera
y eterna
que se sujeta a la nada,
como pretendiendo que no escape,
como intentando poner en valor
ése punto arbitrario
que hay junto a otro punto cualquiera.
Y la vida se desnuca
por alguna pamplina.

 

P.D: Creo que funciona así hasta que tomas litio.

Noches de boda

Vivir el momento es una forma de morir
y mi vaso gotea, yo escupo…
Mientras cada gota cae,
la brisa alcanza la perfección de la nada.
Sonrío porque sonríes
y porque formas la segunda,
la tercera
y todas las personas y los números
que completan el conjunto de mi vana felicida.
Y mi vaso espera, yo goteo.

Y yo espero algo,
y mi compaña es un vaso,
y mi fin escupe,
y goteo…

 

 

P.D: Que no se ponga la luna de miel.

Social

Dejó caer sus ojos como si persiguieran un pecio que se hunde lastrado por el denso cansancio de los matices. Cuando sus iris tocaron fondo y el mundo se resquebrajó en afiladas olas, nada quedaba de cierto en aquella pertinaz cortesía en cadena tan predecible e interesada.

Témperas sobre carne viva,
escultura de palabras.

Calló del verbo caer por no hablar del verbo roto. Las antenas de las azoteas se clavaron con saña en las carnes del cielo, que abría la boca sin emitir más sonido que un gorgoteo entrecortado. Era como si al grito del anochecer le hubieran retirado quirúrgicamente el aire, el escándalo y la prisa, pero no el alma.

Leche con nervaduras de sangre,
tapiz diluido.

Planificado y exotérmico.
Prestado.
Temporal.
Reciclable.
Teórico, lógico, entrenado e intercambiable.

Humano, claro, pero por pura rentabilidad, porque es así como se maximiza la parte más seria y cuantificable de nuestros deseos.

Herido. Insignificante.

 

 

P.D: Uy, qué triste.

Poco hecho

Entregado por deber.
Vivo, despierto,
entálpico e indolente,
pero entregado
a la estabilidad horizontal
y vívida
de la deriva.
Más húmedo que humano,
más Arquímedes que Venturi,
más pecio que otra cosa.
Entregado por azar
al placebo insultante
de latir por no molestar
y asentir por pura costumbre,
pero entregado
al fin, que me anima,
y al cabo, que me sujeta.
Entregado por pasión
como unas raíces,
no las mías,
unas cualquiera,
de esas que se entregan
al mineral como amante,
pero entregado,
qué remedio,
a la crudeza del aire.
Más perdido que persona,
más Molina que Steve Harris,
más profundo que la tierra.

P.D: Lo he subido por cumplir, no por otra cosa.

Día-crítico

A ratos, sólo a ratos,
me invento los recuerdos
que se acurrucan
al calor de tu terciopelo.
Juego con ellos, sólo juego,
transformando sus dimensiones,
les atribuyo un guión y un diálogo
que no les corresponden.
Por diversión, sólo diversión,
como ver una película
basada en no-hechos
potencialmente reales.
Imagino, sólo imagino,
un grito
gutural y primario,
sólo sonido,
sin mensaje,
sin fondo,
sin intención.
Y sin tilde. Solo, sin tilde.

 

P.D: Ejercicios.

Reacción poco sentida ante el sentimiento común

Señor, tan ajeno…
dueño de crujidos cálcicos
y líquidos lamentos.
Dueño entre dueños
y señor entre hermanos.
Mismo problema,
parte de lo mismo,
señor entre dolores
y hermano entre charcos.

Mi camisa,
nuestra en realidad,
está huérfana
de olores cálidos como tus bostezos.
Se mancha
de su propio relleno
y tirita de rabia
porque es parte
del señor y el dueño,
del charco, el lamento,
el hermano, el problema
y el dolor.
Tan común y tan ajeno.

 

P.D: Y sin filtro tricolor ni na.

Segunda parte (no tiene primera)

Te dejo que tengas
tantas mitades
como te valga la pena,
tantas como te deje
la propiedad asociativa.
Ten partes por contras
y pon muros con tajos,
con ventanas estrelladas y altivas,
entre mis santos
y tu provincia.
Huye, si gustas de huir,
derecho al infinito…
que nos vemos por allí
tan tarde, tan lejos,
tan euclidianos,
tan alícuotas,
tan y tan acostumbrados.
Deja a Casanova,
despechado
y muerto por lapidación,
que yo me encargo
de romper con el cuatro
por cuatro
o por un millón.
Al final
nos cuido
tanto como nos cuidas,
cálido y sincero
como un abrazo en Viladomat.

P.D: Y lo que nos queda.