Volvencias

A ratos apetece follar con la Tierra,
volver a donde se vuelve,
zambullirse de cara en el cuerpo
de nuestra pequeña patria,
disfrutando del olor y las carnes
que sólo tienen los recuerdos vivos.
Amasar, tocar, leer con los dedos
la áspera acogida
y el fino tacto.

 

P.D: Pero fuerte.

Sudario

[…] Si bien es cierto que nunca fui un hombre religioso, me aqueja una divina tendencia a la resurrección. Varias veces me ha matado una mujer junto con todas mis ilusiones y mis ganas de ilusionarme dejando un deshecho, un cadáver con vida. El caso es que, por más empeño que uno le pone a su papel de finado, con el tiempo me fallan las fuerzas, me vence la inercia y vuelvo a la vida. Quizás tardo en manifestarme, quizás me sigo haciendo el muerto durante un tiempo pero ni dura mucho ni cuenta con más credibilidad  que el niño que se hace el dormido. Al final renazco a regañadientes y fingiendo un enfado que me queda grande pero que mantengo con esmero. Me esfuerzo en retrasar el dichoso tercer día, da igual si es el cuarto o el quinto y da igual si son meses o años, ése que me desvela y me fuerza a abrir los ojos con la actitud  con la que se deja en evidencia a una hoja que se hace la rama, a una ola que se hace la cobarde, a una pluma que se hace la piedra; me obliga a sentir como un niño que se hace el poeta, como un hombre que se hace el niño.

 

P.D: INRI.

Postal (II)

Mi oscuridad no deja escaparse la luz.

El otro día me di un baño en la playa. Nadie la frecuenta y eso es muy favorecedor. Virginal, silenciosa y sola. Está tan cambiada que es como siempre. Aún recuerdo cuando ibas allí a ahogarte y al cabo de unos días yo me acercaba a recoger tu sonriente cadáver. No creo que vuelva, cada día me gusta menos la Naturaleza y la falta de acondicionamientos que encuentro fuera del laboratorio. Y eso que ni el agua estaba tan fría ni el sol calentaba tanto. Imagino que el mar parece más hermoso cuando posa para las hipérboles.

P.D: Eternamente suyo.

Postal (I)

Tu luz no entiende de justicia.

Puedes vivir en la montaña que me mató sin que te falte el oxígeno. Es admirable, siempre fuiste una versión mejorada de lo que mi mejor versión siempre quiso ser. No le guardas rencor y no debes hacerlo, sería irracional culparla a ella de haber planeado fríamente su altura, sus avalanchas, su frío, los osos, la lava… bueno, igual no había lava porque no es un volcán, pero recuerdo algo de fuego, algo de tuétano ardiendo. Me mató y, por lo que sea, nunca volví a ser el mismo. Ahora te veo beber del dulce arroyo, pisar hojas secas y sestear a la sombra. Me alegro y me preocupo. Ojalá puedas vivir ahí con la misma intensidad con la que yo dejé de hacerlo.

P.D: Eternamente efímero.

TAB con azúcar

Se ha quedado otro muerto
sin salir,
sonríe a las cristalinas paredes
que lo muestran,
golpe de cuarzo,
el lomo gris
de una gris serpiente
raspa lo que resta
de ganas de placer
y la vida se revoca
por unanimidad.

Se libera un grito
verde y filoso
de los brazos
que fijan todo
a todo lo ordenado,
implosión de luz,
cada metro
tira de cada metro
en una orgía de inercia
y la vida se desboca
por una nimiedad.

Si caemos es porque nos tiran
y porque está decidido
que todo dependa del azar,
todo explota y queda
como factor estable
de una cadena efímera
y eterna
que se sujeta a la nada,
como pretendiendo que no escape,
como intentando poner en valor
ése punto arbitrario
que hay junto a otro punto cualquiera.
Y la vida se desnuca
por alguna pamplina.

 

P.D: Creo que funciona así hasta que tomas litio.

Noches de boda

Vivir el momento es una forma de morir
y mi vaso gotea, yo escupo…
Mientras cada gota cae,
la brisa alcanza la perfección de la nada.
Sonrío porque sonríes
y porque formas la segunda,
la tercera
y todas las personas y los números
que completan el conjunto de mi vana felicida.
Y mi vaso espera, yo goteo.

Y yo espero algo,
y mi compaña es un vaso,
y mi fin escupe,
y goteo…

 

 

P.D: Que no se ponga la luna de miel.